¿Podemos convertir a nuestro turista en guardián del patrimonio?

Esta vez no voy a contestar a la pregunta con un depende. Para mí la respuesta está muy clara: no deberíamos planificar el turismo cultural si no incluimos acciones destinadas a crear guardianes del patrimonio. Puede que la sostenibilidad, de la que tanto hablamos este año, empiece por ahí.

Me gusta mucho el concepto de turistas guardianes del patrimonio porque me lleva a la idea de personas proactivas y con conciencia del importante valor de los recursos culturales (y/o naturales) que visitan. Entonces, la pregunta a hacernos es: ¿podemos generar estos comportamientos en los visitantes de un destino turístico?

Creo que sí, siempre y cuando trabajemos desde la interpretación del patrimonio. Y con esto no me refiero tan solo a las técnicas que utilizamos para comunicarnos con los participantes de una visita guiada, sino a tener en cuenta los métodos interpretativos a la hora de confeccionar nuestra estrategia y planificación turística.

¿Qué no es fácil? Desde luego que no ¿Que sale caro? Ahí discrepo un poco… Porque si destinamos recursos a elaborar una estrategia y una planificación interpretativa, lo más probable es que ahorremos costes en otras áreas (como, por ejemplo, en mantenimiento).

Incluso podemos generar ingresos económicos a través de una oferta turística basada en las experiencias de alto valor añadido, pues la interpretación del patrimonio nos permite generar una conexión entre el visitante y el bien patrimonial. A partir de esa conexión nacerá la verdadera experiencia memorable (sí, esa por la que muchas personas estamos dispuestas a pagar).

¿Podemos convertir a un turista en un guardián de nuestro patrimonio cultural?
Hace años, una parada en un viaje me llevó a conocer Mérida. Una estancia reveladora en la que aproveché para hacer alguna foto (como esta).

 

Empezando por los de casa

A la hora de conseguir que los turistas conecten con el patrimonio de un lugar no hay mejores embajadores que los propios habitantes. Es algo que aprendí durante un viaje que hice hace unos años…

Si no cuento la historia, reviento. Así que ahí va:

Estando de viaje con un grupo de amigas, paramos en Mérida para descansar y, de paso, conocerla un poco, así que hicimos una pequeña ruta a pie para ir viendo los principales atractivos. Llegado un momento, nos paramos para revisar en el plano si íbamos por el camino correcto, cuando dos personas que trabajaban en los servicios de limpieza se acercaron, nos ofrecieron su ayuda y nos proporcionaron gran cantidad de información sobre el rico patrimonio arqueológico de la ciudad.

Escucharlos hablar con tanto orgullo de lo que hay en su ciudad y ejercer tan bien de anfitriones es algo que no se me olvida. Seguro que hay más lugares donde ocurren ejemplos como este, pero también estoy convencida que debería haber muchísimos más…

Mi conclusión es la siguiente: unos ciudadanos concienciados y orgullosos de su patrimonio histórico y cultural son la base para construir un modelo turístico integrador y sostenible. Solo con esos cimientos podremos construir modelos sólidos que despierten en los turistas un papel activo en la salvaguardia de los bienes, convirtiéndose en auténticos guardianes.

¿Tienes alguna anécdota de viaje que quieras compartir en La brújula mareada?

¡Espero tus comentarios!

2 comentarios en “¿Podemos convertir a nuestro turista en guardián del patrimonio?

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